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lunes, 25 de mayo de 2009

NARCISISMO: ESTOY ENAMORADO DE MÍ




La personalidad narcisista corresponde a individuos que se consideran superiores a todos los demás y creen que deben ser admirados en todo momento. Sin embargo, detrás de ese comportamiento se esconde alguien con baja autoestima y gran inmadurez emocional.

La cultura griega es rica en mitos que sirven como referencia para hablar acerca de la conducta de personas que se apartan de los comportamientos considerados normales y sanos.

La leyenda relacionada con este tema relata que Narciso era un joven de gran belleza a quien todos admiraban, pero que rechazaba a la gente que quisiera acercarse a él dado que estaba lleno de orgullo y vanidad. Una ninfa, de nombre Eco, enamorada de este personaje, fue repudiada por él, lo que propició que se consumiera de dolor hasta quedar transformada en simple voz (lo cual es el origen, según la mitología, de lo que se conoce como eco, es decir, la repetición de un sonido).

Así pues, un muchacho que había sido despreciado del mismo modo por Narciso pidió a los dioses que éste recibiera el castigo de amarse a sí mismo sin descanso. Dicho ruego fue escuchado por la diosa Némesis, quien hizo que el apuesto joven se enamorara de su imagen cuando vio que ésta se reflejaba en un manantial. Así, ante la imposibilidad de dejar de contemplar y abrazar su rostro, permaneció en ese lugar hasta que murió de hambre.

Tarjeta de presentación
En ocasiones, algunas actitudes soberbias o de presunción son catalogadas como narcisismo, pero la realidad es que este comportamiento va mucho más allá, porque una persona con este tipo de conducta se cree enormemente importante y por encima de los demás, lo que incluye a su familia, pareja y amistades.

Asimismo, tiene gran necesidad de sentirse aprobado, considera que merece admiración y respeto, y que todos aquellos con quienes convive deben satisfacer sus deseos y otorgarle trato especial (por ejemplo, perdonar sus deudas). Por supuesto, le gusta ser el centro de atención y conversación.

Pero esto es apenas el principio, pues son muchas más las "virtudes" de este tipo de sujetos, entre ellas:
Falta de empatía. No es capaz de ponerse en el lugar del otro y compartir sus sentimientos (se puede ofender si, por ejemplo, un amigo le dice que no puede ir a su fiesta porque su madre acaba de ingresar al hospital), además de que se muestra insensible y desconfía de los demás.

Desdeña a su pareja. Cree que debe ser querido incondicionalmente, así como ser la parte más importante en la vida de su contraparte amorosa, pues considera que ésta debe estar deseosa de satisfacer todas sus necesidades; de lo contrario, le retirará su amor.

Negación. Desconoce su verdadera personalidad y adora la imagen sobrevalorada que tiene de sí mismo, por lo cual niega algún estado depresivo y cualquier trauma que haya podido sufrir. Es común que durante psicoterapia niegue tener algún tipo de problema.

Envidia. Siente celos de lo que tienen otras personas, y tiene la certeza de que los demás aspiran a ser como él y a poseer sus pertenencias materiales. Aunque se sabe que prefiere la lógica a los sentimientos, desearía tener la capacidad de ponerse en los zapatos del otro y ostentar un carácter accesible.

Arrogancia. Se ofende con facilidad y reacciona con rabia cuando lo critican, tratando de destruir o humillar a quien se atreve a hacerlo; es común que en estas circunstancias arme tal discusión que sus interlocutores prefieren darle la razón.

Manipulación. Ya que considera que los demás están destinados a satisfacer sus necesidades no duda en manipularlos y tratarlos como objetos que sirven para lograr sus objetivos.

Fantasías. Imagina que logrará éxito, admiración, belleza y poder en cantidades ilimitadas, aunque también aspira a encontrar el amor ideal y perfecto.

Cree ser el mejor. En la escuela tiene la plena certeza de ser superior a sus compañeros y maestros. Despide una imagen de gran seguridad en sí mismo, por lo que puede convencer a otros de que no hay nadie mejor que él; por ello, suele conseguir grandes logros en su trabajo, aunque su naturaleza puede perjudicarlo debido a que no tolera que sus propuestas sean rechazadas y, como piensa que lo sabe todo, no se preocupa por actualizarse. Es decir, emite gran cantidad de pretextos antes de aceptar un fracaso, y prefiere no arriesgarse a fallar.

Interpretación distorsionada. Exagera sus éxitos y se adjudica mayores habilidades que los demás al conseguirlos, pero si fracasa las cosas cambian, pues lo atribuye a circunstancias externas y a la mala suerte.

Por debajo de la mesa
Las personas que rinden culto al ego en realidad carecen de madurez emocional y tienen disminuida su autoestima, de tal forma que sienten que su valor individual es casi nulo pero, paradójicamente, en lugar de transformar su conducta para ser aceptados socialmente ocultan tales sentimientos y crean una fantasía de grandeza y superioridad que compense lo que ocurre en la realidad.

Así, como internamente sabe que su ego es falso, necesita demostrar continuamente dicha superioridad a través de la aprobación y elogios de las personas con las que convive. Por ello, cuando lo critican reacciona con rabia excesiva, ya que considera que su valía personal ha sido amenazada y trata de destruir a quien considera que lo humilló para demostrar que lo que se dijo de él es falso. De esta manera, intenta recuperar su imagen ante los demás.

Sin embargo, de poco le valdrá actuar de este modo pues, como ya se explicó, un narcisista es emocionalmente inmaduro, se preocupa excesivamente por sí mismo y es incapaz de pensar en el prójimo; no entiende, por supuesto, que cada individuo tiene sus propias necesidades y aspiraciones, así como la libertad para actuar como mejor le plazca.

Ego infantil
Cierto narcisismo es normal y hasta deseable durante la infancia, pues los niños requieren que se cubran todas sus necesidades, y en esta etapa es común que quienes los rodean estén listos para servirlos de inmediato.

Un niño, durante el proceso de formación de su identidad, necesita sentirse admirado y reconocido por sus padres, es decir, valorado como ser único, pues ello será la base para que posteriormente comprenda que es alguien diferente con derecho a tener deseos y necesidades diferentes a otras personas.

Este periodo es fundamental para descubrir y confiar en sus propios sentimientos, para lo cual será decisivo que sus progenitores lo respeten y no traten de imponer su opinión. Es decir, el niño quiere que se le considere único e importante para que a partir de este hecho forme una identidad y autoestima que no dependan de la aprobación de los demás.

No obstante, cuando esta necesidad de reconocimiento se ve frustrada, el niño no se siente especial, desarrolla baja autoestima y puede incluso pensar que es malo que se reconozcan sus cualidades.

Así, las reacciones ante esta situación son diversas:

Puede promover un carácter dependiente, centrado en la satisfacción de las necesidades de los demás para conseguir su aprobación
Es posible que se propicie una personalidad disfuncional, es decir, que su ego se infle para compensar su falta de autoestima e inseguridad. En resumen, el narcisista busca la aprobación y admiración que nunca tuvo, pero se niega a reconocer esta debilidad y opta por construir un yo maravilloso y perfecto que todo el mundo debería adorar.
Corregir el camino
Es recomendable que quien se identifique con este tipo de personalidad acuda al psicólogo o psiquiatra para que, mediante terapia personal y de grupo, tome conciencia de su conducta y la modifique en beneficio propio, de su familia y de las personas que conviven con él cotidianamente.

Algunas investigaciones han concluido que existen factores que ayudan a corregir este problema, los cuales se relacionan con logros, relaciones personales y desilusiones.

En principio, habría que decir que las promociones laborales, graduaciones académicas o algún otro tipo de reconocimiento son benéficas para que el narcisista comprenda lo que es una competencia realista y, a la postre, disminuyan sus fantasías de grandiosidad.

Asimismo, mantener una pareja estable suele ser de gran ayuda para este tipo de persona, lo que en principio resulta difícil, pues requiere de alguien que sea equilibrado, seguro de sí mismo y que lo acepte tal y como es; por supuesto, también deberá entender que su conducta no cambiará en forma inmediata.

Finalmente, es necesario que los narcisistas se enfrenten a desilusiones de todo tipo, experiencias que servirán para que encuentren equilibrio emocional. Así, por ejemplo, un individuo que está acostumbrado a obtener las mejores notas escolares se puede topar, en algún momento de su vida, con personas de alto nivel de inteligencia y preparación y obtener notas mediocres en relación a dicho grupo, lo que lo obligará a hacer un reajuste en la percepción de sí mismo. Sin embargo, para que esto suceda, las desilusiones deben ir a la par de los logros, de lo contrario el fracaso sucesivo puede llevarlo incluso a agravar su narcisismo.

Cómo tratar al narcisista
Si usted debe convivir con un narcisista le serán de utilidad los siguientes consejos:

Es conveniente no relacionarse emocionalmente con alguien así, ya que la necesidad de sentirse superior puede provocar actitudes de insensibilidad, arrogancia y pedantería. En todo caso, hay que procurar tomar conciencia de la problemática y no permitir que lo que le diga le afecte.
No intente cambiarlo, probablemente sólo conseguirá que se enoje; por tanto, piense que es más fácil modificar su comportamiento que el del narcisista.
Es evidente que un individuo de esta clase quiere ser siempre el centro de atención y sentirse importante -lo cual puede ser muy molesto para los demás-, pero hay que tener un poco de paciencia y, de vez en cuando, escuchar las historias acerca de sus grandes logros o decirle algo que lo elogie. Recuerde que en el fondo se cree una persona sin valor e indigna de ser amada por sí misma, por lo que mucho ayudará demostrarle que esto no es cierto.
Difícilmente un narcisista se preocupará por los problemas de los demás, por lo que es mejor mantener una relación superficial. Si, por ejemplo, usted se siente preocupado o deprimido y quiere compartir sus experiencias con una de estas personas es muy probable que a él no le agrade la idea y rechace escuchar cualquier confidencia de esta naturaleza. Por ello, en estos casos, será mejor buscar a alguien más receptivo y no caer en la tentación de desahogarse en un egocentra.
Así las cosas, no está nada mal que nos enfrentemos a la vida con seguridad y que estemos orgullosos de poseer la autoestima necesaria para lograr nuestras metas, siempre y cuando no caigamos en los excesos que se han descrito, pues hay que entender que un narcisista se autocondena al aislamiento y rechazo social.

VIGOREXIA, ENFERMEDAD DE LA PERFECCIÓN



Cuando la obsesión por un cuerpo admirable lleva a un hombre a pasar seis o más horas al día en el gimnasio, se puede considerar que esta enfermo de perfección, es decir, sufre vigorexia. Lo que no sabe el paciente es que puede morir sin conseguir su objetivo.

Así como los anoréxicos consideran que están excedidos de peso, no importando lo delgados que sean en realidad, los vigoréxicos se miran a si mismos demasiado pequeños, sin tomar en cuenta lo grandes que son. No obstante, la también llamada dismorfia muscular, no ha sido reconocida todavía como una afección psiquiátrica, como si lo es la anorexia.

La vigorexia se resume de la siguiente manera: después de horas de hacer rutinas completas en el gimnasio, el atleta nunca se ve lo suficientemente fornido, encuentra defectos que le impiden tener cuerpo perfecto y siente la obligación de seguir ejercitándose durante más tiempo. Este afán por verse perfecto lleva al enfermo a consumir esteroides anabólicos que pueden causarle daños al cerebro e hígado, los cuales le podrían costar la vida.

Pese a que hace poco tiempo es considerado problema de salud, ya ha sido motivo de investigaciones científicas, las cuales informan que la vigorexia puede catalogarse como un trastorno obsesivo compulsivo (TOC), cuyas víctimas se ven impulsadas a repetir rutina o simples movimientos rituales, así como a hacer cosas que van más allá de su voluntad, como verse constantemente al espejo, cuidar en extremo dieta, suplementos y descanso, revisar sus progresos, sin importar la hora y el lugar, e incluso depilarse y aplicarse cremas hidratantes y aceites balsámicos para resaltar su atlética figura.

Pero los síntomas no se quedan en eso, ya que además tienen:
-Afán de superación.
-Necesidad de romper barreras y establecer nuevos límites.
-Ideal personal de belleza física.
-Deseo de un cuerpo fuera de lo normal.
-Imperiosa necesidad de despertar deseo o envidia.

No nos dejen caer en tentación...

Los mismos trabajos científicos que rastrean este problema indican que al parecer la impresión exagerada de que algo no luce bien en el cuerpo tiene sus orígenes en la química del cerebro, donde se produce una sustancia llamada serotonina -relacionada directamente con placeres a través de vista, gusto y olfato- que en bajas producciones no encontrará satisfacción en los sentidos señalados.

Parece ser que por esa razón los vigoréxicos sufren una distorsión de su esquema corporal que les hace percibir su cuerpo siempre pequeño, y les empuja a aumentar más y más su tamaño muscular. De igual forma es detonante de depresión y ansiedad.

El perfil de estos pacientes los define como personas poco maduras, introvertidas, con problemas de integración y seguridad, y baja autoestima, que piensan que tienen poco atractivo ante el sexo opuesto debido a su aspecto físico. Son víctimas de los medios de comunicación que difunden el modelo de hombre fuerte y atlético como prototipo de salud y éxito, lo cual puede causar una obsesión por el culto al cuerpo y una frustración en adolescentes cuya complexión no se adapte a estos cánones.

El investigador estadounidense Eric Hollander, especialista en trastornos compulsivos en la Escuela de Medicina Monte Sinaí (en Nueva York), sugiere que el tratamiento con antidepresivos inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina puede resultar efectivo en pacientes con dismorfia muscular.

Otros científicos indican que las terapias psicológicas habituales de modificación de la conducta, indicadas para obsesivos compulsivos, también pueden ayudar notablemente a superar este problema.

Usted puede estar muy a tiempo de reconocerse como vigoréxico y evitar problemas que le aíslen socialmente y que puedan mermar su salud, de manera que tómelo como lo dice el dicho: ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre.

jueves, 14 de agosto de 2008

Quiere saber las causas de la personalidad antisocial??





Las personas con trastorno de personalidad antisocial tienen deficiencias en la capacidad de amar, el control de impulsos, y el razonamiento moral.
Estos individuos no amanecen con el trastorno a los 15 años como si hubieran agarrado un resfriado. Los problemas en la capacidad de amar, el control de impulsos y el razonamiento moral se desarrollan desde el momento de la concepción. Creemos que existe un período de tiempo clave para desarrollar la capacidad de amar. Los niños deben aprender a amar antes de la pubertad, o posiblemente nunca sean capaces de amar. El control de impulsos y el razonamiento moral pueden mejorarse a cualquier edad si la persona está motivada a hacerlo.
El desarrollo de la capacidad de amar sienta las bases para el desarrollo del control de impulsos y de la capacidad de razonamiento moral. (Favor de ver la definición de capacidad de amar que se ofrece en este sitio.)
Ya que los individuos con trastorno de personalidad antisocial no son capaces de amar, es fácil para ellos tener un estilo de vida en el que utilizan a los demás (criterios 5 y 7). Tienen poca si alguna capacidad de controlar sus impulsos (criterios 1, 3 y 4). También carecen de un código moral a seguir (criterios 1, 2, y 6).
Más sobre el Triángulo Interior:
La base del Triángulo Interior, y la médula del buen carácter es la capacidad de amar. La capacidad de amar depende de nuestra vida emocional interior y de nuestra capacidad para la empatía (Capítulo 3 de Just Like His Father?). Los lados del triángulo están formados por la habilidad de controlar impulsos (Capítulo 4) y la capacidad para el razonamiento moral (Capítulo 5).
El control de los impulsos es nuestra habilidad para manejar nuestros apetitos y emociones. El razonamiento moral es nuestro entendimiento de la moralidad y la manera en que usamos este entendimiento. Una persona con capacidad de amar y capaz de controlar sus impulsos funcionaría bien en cualquier sociedad, sin importar los valores morales de esa sociedad. Los valores morales varían según la cultura, pero todas las sociedades humanas tienen un código moral que se espera los miembros sigan.
Para entender mejor cómo trabaja el Triángulo Interior, veamos qué resultaría si uno de los tres lados no estuviera bien desarrollado. La persona con poca capacidad para amar sería la más afectada. Sin embargo, la persona con poca empatía y una vida emocional pobre pudiera compensar parcialmente si tiene el control de impulsos y el razonamiento moral bien desarrollados. Sus valores morales y su dominio propio le guiarían a comportarse bien con los demás, aún si careciera de sentimientos que guiaran su conducta.
Seguramente usted conoce alguien que encaja con esta descripción. A menudo estas personas son algo frías y hacen todo “por el libro” Ya que carecen de sentimientos afectuosos fuertes que guíen su conducta, temen con buena razón lo que sucedería si el control de sus impulsos y/o su razonamiento moral se deterioraran.
Estos individuos que se conducen “por el libro” son percibidos por los demás como limitados en el área de los sentimientos. Aún así, tienden a ser buenas personas que no se aprovechan de los demás. Así, cierta interacción entre los genes y la crianza permite el desarrollo del carácter de manera que la deficiencia en capacidad de amar es balanceada cuando el control de impulsos y el razonamiento moral están bien desarrollados. A estas personas les recomendamos que sigan actuando “por el libro”.
La persona con deficiencias en el control de impulsos pero con una capacidad de amar y un razonamiento moral bien desarrollados es una persona impulsiva que siente culpa y remordimiento. Estos individuos se comportan mal impulsivamente aunque verdaderamente no quieran hacerlo. Ya que a este tipo de persona le preocupa este problema, está dispuesta a buscar ayuda. Aquellos con problemas en el control de sus impulsos pueden beneficiarse de adiestramiento y medicinas para fortalecer su centro de control de impulsos.
Cuando la capacidad de amar y el control de impulsos están relativamente intactos y la capacidad de razonar moralmente está afectada, el individuo tiende a justificar su mal comportamiento. Por esto es que usamos la expresión “hay honor entre los ladrones.” Los ladrones con honor tienen intacta la capacidad de amar. Muchas personas que terminan en el sistema de justicia criminal llegan allí debido a fallas en su razonamiento moral y control de impulsos.
La alta proporción de conducta criminal presente en los grupos socioeconómicos más bajos no se debe a un mayor número de verdadero trastorno de personalidad antisocial en esos grupos. Los responsables son las diferencias en razonamiento moral y en la crianza sobre el control de los impulsos.
Debemos desarrollar maneras confiables de identificar a los criminales cuya capacidad de amar está intacta. Estos individuos no cumplirían el criterio 7 del DSM IV. El problema es que el remordimiento es muy difícil de medir, y muchos con trastorno de personalidad antisocial fingen remordimiento. La capacidad de razonamiento moral puede mejorarse por medio de la educación y el tratamiento de la persona que tiene las otras cualidades intactas.

Bienvenid@s!!

Bienvenid@s!!

“La labor del Psicólogo(a) va más allá de la formulación de una impresión diagnóstica”

Los tiempos cambian, y de cada uno de nosotros como profesionales depende si también nos renovamos continuamente, para mejorar y entregar nuestro servicio a la labor del alma, del espíritu, a la enfermedad que no se ve al padecimiento que se carcome los huesos sin expresarse en un osteosarcoma o una fractura, pero que sin embargo no deja vivir plenamente a cada ser que confía su vida a merced de un extraño...nosotros....es necesario recordar, que no nos formamos para arrojar diagnósticos, sino para generar una mejoría significativa en la calidad de vida de las personas, sin etiquetarlas y marcarlas con un sello patológico, es una oportunidad de crecimiento postergada cada vez que realizamos una labor tan catastrófica como ésa, por lo tanto es necesario crecer cada día mas, conocer, prepararnos, actualizarnos, debe ser parte de la sed que nos “seque la boca”, que nos provoca apasionarnos en lo que hacemos, pero sobretodo, que nos muestra que trabajamos para el servicio de otros, no trabajamos con “otro más” como si fuera una estadística más o un experimento.

Rebeca Chaves A.



En una relación de pareja que consideras más importante?