El principal objetivo de este blog es dar a conocer temas de gran interés ACTUAL en el área de la Psicología, lo cual es mi pasión y la de much@s alrededor del mundo!!!
sábado, 29 de agosto de 2009
Tu amor es malo para mi salud
Como los medicamentos, existen relaciones amorosas contraindicadas. Algunas personas se embarcan, muchas veces sin saberlo, con parejas que van a darles más que quebraderos de cabeza. Son los amores tóxicos, estilos afectivos que se establecen con personas con rasgos de personalidad que generan en el otro mucho padecimiento y alteraciones psicológicas.
"Las personas con trastornos de la personalidad también se enamoran, se casan y tienen hijos o amantes", dice Walter Riso, psicólogo clínico experto en relaciones amorosas. Nadie lleva un cartel en la frente indicándolo y quien se enreda con ellos se arriesga, sin saberlo, a las consecuencias. Existen muchas personas con rasgos de personalidad marcados sin llegar al extremo de la patología y que suelen dispararse en situaciones críticas o estresantes. "Una personalidad paranoide es desconfiada y cree que todo el mundo le va a hacer daño. Cuando una posible pareja le pregunta en qué trabaja o cuánto gana se le dispara el guión de desconfianza y desaparece", añade Riso.
El calvario amoroso de Lola (prefiere no identificarse), ahora con 47 años, comenzó en plena adolescencia. A los 19 años, con la carrera de Medicina en mente y un buen dominio del francés, la emplearon en una entidad financiera barcelonesa. Un directivo, amigo de sus padres, también hizo de puente. A su novio se le atragantaron tantos éxitos y, celoso, la martirizó hasta que la abandonó. "Fue un respiro", dice Lola. Aún no sabe que en esa oficina iba a protagonizar su propio culebrón venezolano. Al cabo de un tiempo, ese directivo (pongamos Pedro) "me propuso convertirme en su amante". Lola se lo piensa mucho, hasta que un mal día, acepta.
"Era un conquistador y un posesivo, le gustaba coleccionar antigüedades para tenerlas sólo él", cuenta Lola. Aún ignora qué le enamoró. Parecía siempre atento, "pero en el fondo siempre quería ganar en todo y pasaba por encima de los demás para conseguirlo". O daba una imagen de rectitud: "Un día arrambló con un objeto de una ermita", dice Lola. Años más tarde, Pedro se separó de su mujer y Lola pasó a ser la oficial. Su relación empeoró. "Me sentía secuestrada, me hacía el vacío y hasta en las decisiones domésticas pasé a un segundo plano, porque sólo tenía en cuenta las opiniones de una amiga suya que nos invadió la casa. Él también ejercía el poder en la empresa para rodearse de una cohorte de mujeres. Mi autoestima cayó, no sabía cuál era mi papel en la relación y, cuando me quejé de su comportamiento, me trató de loca, me deprimí y empecé a tomar pastillas". Al final, Lola estalló y decidió acabar con la relación. Pero él la reemplazó rápidamente liándose con otra empleada. Para evitar más dolor, Lola decidió pagar un alto precio: perder su seguridad económica y estatus conseguido en la empresa tras 20 años. "Estaba en juego mi salud".
Los psicólogos consideran que cada vez es más frecuente encontrarse dentro de este tipo de relaciones problemáticas, que en algunos casos pueden llegar a ser muy peligrosas. ¿Por qué nos equivocamos tanto al escoger pareja? ¿Por qué nos resignamos a relaciones dolorosas? ¿Por qué nos enganchamos a estas relaciones y no sabemos salir de ellas? ¿Podemos reconocerlas antes de involucrarnos? "El estilo afectivo es una manera de amar específica que depende de cómo te ves a ti mismo y a los otros. En un gran porcentaje, el estilo afectivo se aprende; pero cuando el estilo se asienta durante muchos años se autoalimenta y perpetúa", dice Walter Riso.
Para la psicóloga y psicoterapeuta Montserrat Fornós, las relaciones tóxicas se crean desde unas condiciones vinculares de mutua dependencia y circularidad, llenas de alianzas inconscientes, donde hay un estado mental y emocional de expectativa de un individuo sobre el otro y viceversa y que llega a convertirse en indispensable al mismo tiempo que insoportable.
Algunas personas parecen enredarse continuamente en relaciones difíciles. Lo sabe Mei, de 50 años. El primer novio, a los 15 años, era muy agresivo. "Estuve asfixiada hasta que lo dejé, a los 19, cuando entré al mundo laboral", cuenta. A los seis meses de relación, el padre de su hija la empezó a pegar; ella consiguió dejar la droga; él no. "Era encantador, pero no en casa. Creo que me atrajo su capacidad de maltrato, porque mis padres se maltrataban verbalmente", dice Mei. Lo echó. La siguiente pareja fue muy tranquila y gratificante: "Vi que yo era la que estaba bien y se me fue el sentimiento de culpa". Dice que la terapia le ayudó a ser consciente de su situación y ahora va "con la antena puesta", añade. "Ayudar al sujeto a descubrir cuáles son estas alianzas es el paso primordial en psicoterapia para comenzar a abrir estos circuitos tóxicos y evitar su retroalimentación", sostiene Montserrat Fornós.
Entre los hombres también se encuentran damnificados amorosos. Luis, un autor en la cuarentena, salió por pies de "un intento" de relación que ahora considera extraña. "Creo que ella era una mujer histriónica que también vivía una eterna adolescencia. Era para volverte loco: aunque había echado a su ex porque decía que la maltrataba, no paraba de llorar por él; luego decía que estaba enamorada de otro hombre que todavía no le hacía caso, según ella; y a mí me dijo que sí y luego dudaba. Yo me apartaba, ella montaba un teatro para que volviera". El vaso se colmó cuando al chico del cual estuvo enamorada le buscó piso enfrente de su puerta, "sin tener en cuenta mis sentimientos".
"Si estar con alguien implica la destrucción del yo, entonces mejor estar solo", dice Walter Riso, que publicará próximamente el libro Amores altamente peligrosos (Planeta / Zenith), en el que recoge 10 estilos afectivos de cuyos propietarios es mejor no enamorarse porque pueden ser altamente lesivos y peligrosos para el bienestar emocional. Una relación con un trastorno límite de personalidad tiene el peor de los pronósticos. Estas personas no saben quiénes son, ni lo que quieren, "tienen una sensación de vacío infinito y se pueden presentar de múltiples formas", señala Walter Riso. Los limítrofes son personas caóticas, que lo mismo te aman como al minuto siguiente te odian. Encima, pueden ser atractivas y tienen una energía que puede convertirlos en un imán para incautos.
Alguien con rasgos paranoides, en cambio, desconfía de todo, incluso de su pareja; el histriónico quiere ser el centro y no concibe, por ejemplo, que el otro se lo pueda pasar bien sin él; el antisocial es violento; el pasivo-agresivo necesita al mismo tiempo una pareja autoritaria y sentirse libre de control, mientras que el narcisista-egocéntrico, que puede ser un triunfador en el mundo de la empresa, suele decir a su pareja: "¡Qué suerte tienes de estar conmigo!" y se muestra con ella indiferente y arrogante.
Según la psiquiatra Iris Luna, aumentan los indicadores del narcisismo porque en la cultura posmoderna la lucha por el poder, por el prestigio, la posición como valores sociales, la competitividad, hace que ciertas personas vayan adquiriendo la necesidad de grandiosidad, de buscar siempre ser el mejor. "Una multinacional no buscará un directivo obsesivo, lento en sus decisiones, y sí a un narcisista, que pasa por encima de todo el mundo", dice Luna.
En opinión de la antropóloga y escritora Déborah Puig-Pey, ha aumentado el desajuste entre el ideal de pareja y la realidad. "La educación sentimental se basa en un modelo romántico, contradictorio con otros modos de pensar la vida social. La relación de pareja es también una relación social, se sigue esperando de ella reciprocidad, sentido, duración, gratuidad. Sin embargo, estas características, que no se esperan del mundo del trabajo o de la política, en la pareja quedan aisladas fuera de contexto, y parecen heredar los mecanismos contrarios: se desarrollan como relaciones de dominio en privado". Estos enlaces tóxicos se producen "porque son un espejo de todo lo que hemos aprendido de nosotros mismos a través de nuestras relaciones humanas", añade Puig-Pey.
A pesar de los cambios sociales que se han producido en los últimos años, entre ellos los matrimonios entre personas del mismo sexo o la tendencia hacia una sociedad erotizada, "continúa existiendo un ideal de pareja estable y la exigencia de fidelidad sexual ligada a la fidelidad amorosa sigue siendo igual de fuerte", dice Gerardo Meil, catedrático de Sociología de la Universidad Autónoma de Madrid.
Uno de los problemas en el mundo del amor, sigue la antropóloga, es que se ha caricaturizado el ideal electivo o el derecho a elegir libremente la pareja, incrementándose las razones de mercado: "La relación es más tóxica si la pareja se ha formado por una cuestión de prestigio (el dinero, el estatus, el físico) porque es una relación sometida a elementos altamente variables, consumibles e incontrolables".
Elena Crespi, psicóloga del Instituto de Estudios de la Sexualidad y la Pareja, cree que "vivimos en una sociedad en la que el hecho de tener celos significa que tu pareja te quiere, cuando es todo lo contrario, que hay inseguridad". Los medios de comunicación muestran relaciones de pareja perfectas, que no existen en la vida real. Cuando una persona tiene más o menos claro qué espera de una relación de pareja y sabe lo que puede ofrecer es más fácil encontrar la persona adecuada, concluye.
Fuente: http://www.elpais.com/articulo/sociedad/amor/malo/salud/elpepisoc/20080413elpepisoc_1/Tes/
Estilos afectivos que es mejor evitar
Un narcisista rompe la estructura ética de la relación, sólo quiere recibir afecto y adulación. No da nada a cambio y la pareja puede entrar en depresión. ¿Qué tipo de personas atrae? "Las que se consideran no deseables socialmente ni atractivas y buscan alguien que les dé estatus. También se enganchan personas inmaduras o codependientes, que buscan receptores de afecto como los narcisistas. Es como si se juntara un adicto al trabajo con un explotador laboral", dice el psicólogo Walter Riso. Los narcisistas llegan a la consulta presionados por su pareja, tras un ultimátum. "Si piden directamente ayuda profesional es cuando pasan por una etapa crítica, como un descenso de categoría laboral, y se deprimen". Al paranoide el valor que le falta es la confianza básica en la pareja, pensar que nunca le hará daño intencionadamente. "Sin esa certeza no se puede estar, sería como vivir con el enemigo potencial", explica Iris Luna. Se enamoran de ellas personas con fobia social, que encuentran ideal al paranoide porque tampoco le gusta la gente, aunque en su caso sea por miedo al ridículo.
El sociópata o antisocial, encantador en la fase de conquista, es muy peligroso. Ve al otro como a un objeto. "Es como un depredador que tiene que sobrevivir en una selva: piensa que el débil merece ser la víctima y dice a su pareja: si te golpeo es porque tú te lo has buscado", dice Riso. "Es el típico caso de los amores violentos que subyacen en la mayoría de mujeres maltratadas". Conquistan el corazón de quien busca alguien que les defienda en la vida, a otros que piensan que son valientes o a los adictos al peligro. El amor histriónico no es exclusivo de las mujeres: son personas teatrales con comportamientos seductores y exhibicionistas, que ven intimidad donde no la hay. Exigen atención constante y "son como un barril sin fondo: Cuanto más amor les das, más afecto reclaman", dice Riso.
El obsesivo es controlador y considera a su pareja ineficiente. Son un buen partido para muchos porque es responsable, pero suele tener problemas sexuales y para expresar emociones. Como pueden ver que con su problema pueden perder a la persona que aman, tienen un tratamiento más fácil. El pasivo-agresivo tiene un conflicto porque necesita y rechaza al mismo tiempo la autoridad de su pareja. Sabotean la relación y no cumplen ningún compromiso con la pareja, pero atraen a codependientes que quieren protegerlos. El agujero negro afectivo es el esquizoide. Es la máxima exposición de la indiferencia. "El antisocial te desprecia, no tienes valor para él; el narcisista menosprecia, vales menos que yo, y para el esquizoide, no existes", concluye Riso.
lunes, 25 de mayo de 2009
ABUSO MENTAL, TAN DAÑINO COMO EL FÍSICO
Fracturas de huesos, inflamación de las articulaciones, convulsiones, pérdida de la vista y audición, entre otros padecimientos, reportan mujeres que sufren daño físico por parte de su pareja. Pero quienes padecen abuso mental presentan otro tipo de complicaciones, algunas más graves.
El maltrato psicológico que una mujer puede recibir de su compañero es tan dañino como el físico, indica un estudio reciente de la Universidad de Carolina del Sur, (EU). "Descubrimos que la violencia mental estaba asociada con muchas consecuencias que tiene para la salud la rudeza física cometida por un compañero íntimo", afirma la directora de la investigación, Ann Coker.
Para llegar a esta conclusión los investigadores interrogaron a 1,152 mujeres internadas o atendidas en distintos hospitales, durante un período de 2 años (finalizó en enero de 1999). Gracias a este trabajo descubrieron que 54% de las encuestadas había sufrido en algún momento abuso físico o psicológico por parte de su pareja.
En tanto, 14% aseguraron haber recibido maltrato psicológico sin violencia física, definiendo al abuso mental como sentimientos continuos de peligro y pérdida de poder y control. Al hablar de sus problemas de salud, este grupo de mujeres mostró la misma baja estima que quienes recibieron abuso físico, lo que origina pobre visión de su salud física y mental.
Como parte del estudio, se mencionó que las mujeres sujetas a maltrato psicológico tenían el doble de probabilidades de padecer dolores crónicos, infecciones transmitidas sexualmente, dolor pélvico crónico, úlceras estomacales, espasmos de colon y migraña, en relación con aquellas que mantenían una relación de pareja estable.
Por último, Ann Coker estableció que "al igual que con el seguimiento de enfermedades crónicas, la detección temprana de abusos domésticos podría llevar a una intervención efectiva para reducir la cantidad de este tipo de acontecimientos y la mortalidad asociada a ellos".
En México, el abuso psicológico y físico es más común de lo que se cree, aunque son pocas las personas que buscan ayuda especializada. Si usted se encuentra en una situación parecida o conoce a alguien con esta problemática, considere que existen en el país muchas asociaciones civiles que trabajan en apoyo a las víctimas de este tipo de conductas, las mismas que pueden instruirla para denunciar el hecho ante las autoridades correspondientes.
domingo, 10 de mayo de 2009
EL MIEDO AL COMPROMISO
Existe la teoría de que los seres humanos crecemos bajo un vinculo sentimental, desde niños somos parte y pertenecemos a una familia; en la adolescencia, somos parte de un grupo de amigos; en la juventud, las relaciones de pareja van tomando ese mundo del vinculo emocional. El proceso de evolución sentimental en el ser humano.
Visto con estos antecedentes, parece que el compromiso sentimental es un camino programado y fácil de seguir, pero en realidad es un aprendizaje complejo, difícil y por el cual nos debemos esforzar mucho.
Para empezar vamos a definir que en la infancia el vínculo amoroso esta dirigido hacia los padres, hermanos y entorno familiar.
En la adolescencia este vínculo se ve ampliado con lo que llamamos “grupo de iguales o grupo de pares”, en el cual se busca la cercanía, compañía y el placer con los amigos.
Al llegar a la juventud, se empieza a despertar la necesidad de compartir las experiencias con una pareja, se empieza en el primer noviazgo donde ya existen sentimientos y deja de ser un juego el estar con otra persona, consideramos ya el vinculo amor hombre – mujer, o en su caso amor entre personas del mismo sexo (el amor entre homosexuales y lesbianas se da de la misma manera).
En muchas ocasiones, se entra en conflicto con uno mismo ya que existe la necesidad de divertirse y estar con los amigos y de la misma manera se presenta la necesidad de estar con la pareja. Es el momento en que las personas empezamos a tomar decisiones y aprender a establecer prioridades en las relaciones con otras personas y desarrollamos mas las capacidades de compartir y organizar los gustos, aficiones e intenciones sobre la vida.
En la entrada a la etapa de la madurez (25 a 30 años). El foco de motivación se centra principalmente en encontrar una pareja, o en consolidar la vida en pareja a través del matrimonio o la unión. Muchas personas desean encontrar una pareja y establecer una relación formal, pero por otra parte, les da miedo adquirir un compromiso y esto va a causar mucho malestar y conflicto en la interacción con otras personas.
El miedo surge ante la expectativa de cambio y a la adaptación a una forma de vida diferente. Además debemos reconocer que actualmente los mensajes que nos dan o que damos sobre el tener una pareja son mensajes que conllevan una valoración negativa, que resta en la vida, es decir, existen más cosas que perdemos de las que ganamos.
Las consecuencias de la presencia del miedo es no poder concretar una relación firme o estable con una persona. Es importante destacar que esto no es gratuito o que existen personas que lo hacen con el firme propósito de lastimar a otros, más bien es un factor provocado por un desequilibrio entre lo que vamos a afrontar y los recursos de que se dispone para hacerlo. Estamos ante la situación en la cual parece que lo que tenemos no es suficiente, sea económico, emocional o psicológico.
Es necesario comentar que cualquier persona que ignora sus capacidades, presentará miedo ante situaciones que requieren de compromiso, como puede ser ante un trabajo, una familia, una deuda económica o una pareja y aparecen los temores e inseguridades que lo hacen más frágil y débil ante las circunstancias. En estos casos, la persona tiende a huir porque no sabe como responsabilizarse o enfrentarse ante las adversidades y por lo tanto deja las cosas abandonadas, sea su propio empleo, su pareja y sus proyectos de vida.
Pero y ¿cómo distinguir a una persona con miedo consolidar una relación de pareja?
Por lo general son personas que temen el compromiso consigo mismos, con su autonomía, les asusta ser responsables de sus actos y consecuencias, de tomar decisiones, de expresar sus opiniones, lo cual se trasforma en una personalidad que en un principio fácilmente se adapta a todo y posteriormente entra en conflicto rápidamente y acusa a los demás o a las circunstancias de lo que le pasa.
Son personas que desde pequeñas no estuvieron en contacto con su autonomía y responsabilidad. La familia tiene un papel fundamental en la formación de estos recursos y capacidades, los cuales por muchas razones se ven limitados desde la infancia, como pueden ser desde la sobre protección del menor, hasta su abandono por parte de sus padres los factores que mas se presentan en estas tipo de personas.
Por otro lado, las personas que ha aprendido a establecer normas rígidas, por que así se las impusieron, lo van a hacer también con su pareja, sus hijos y el resto de personas que les rodean. Son exigentes al momento de compartir, dar y recibir del otro, ya que siempre están esperando mas de lo que dan, son sobre demandantes y en el momento que la relación no siga el curso esperado, vendrá la frustración y la ruptura sin dar posibilidad de cambio, y casi siempre culparán a la pareja por lo sucedido.
Esta rigidez los lleva a una necesidad psicológica de tenerlo todo siempre controlado y pierden la ubicación rápidamente si sienten que pierden el control y lo tratan de recuperar a costa de lo que sea. Lo paradójico del asunto es que el control se pierde en el momento que se comparte con una pareja y aparece entonces la inseguridad y el miedo que provoca angustia y frustración y por ende, tienden a evitar relaciones con personas que no logran controlar. Sus principales mensajes son sobre el como debe actuar la pareja, como se debe vestir, como deben llevarse las relaciones con la familia, quienes deben ser sus amigos, etc.
Existen otras personas, que tienen dificultad para expresar sus emociones, son personas introvertidas, que están muy condicionadas a reprimir sus sentimientos y a expresarlos. Son personas que tienen pensamientos sin necesidad de profundizar mucho y sostienen conversaciones que tienden a ser superfluas para no mostrar sus inseguridades y sentirse inferiores, son los que popularmente llamamos “acomplejados”.
Estas son personas que siempre encuentran “peros” para todas las cosas y para todas las personas, así como a las situaciones que tienen que ver con el establecimiento de una relación. También es muy común que el nivel de exigencia de estas personas sea muy elevado. Mantienen sus expectativas muy altas para otras personas, lo cual inconcientemente les sirve para que ninguna pareja consiga alcanzarlo.
Son personas que siempre están dudando de sus parejas, nunca están seguros si es la pareja la persona indicada, o en muchos de los casos intentan justificar sus dudas con acciones que no necesariamente son ciertas, como por ejemplo, decir que sus parejas les son infieles o que prefieren a otras personas que a ellos, así sea la propia familia de la pareja, siempre van a encontrar una “falla en el actuar de su pareja”. Son personas que no se conocen a si mismas y esta falta de conocimiento hace que se busque justificación a la propia inseguridad y temores, culpando a sus parejas.
Como no se están preparados para comprometerse, buscan las fallas en su pareja o amigos para aliviar sus malestares y lograr comprobar que la causa del fracaso es que la otra persona no es la adecuada y de esta manera evaden sus responsabilidades fácilmente.
Por lo regular el resultado en la relación de pareja es el rompimiento debido a la falta de estabilidad y por no poder ejercer el control absoluto de la relación.
El factor común en este tipo de relaciones es el miedo que provoca el compromiso, y esta es una emoción que aparece cuando se percibe una situación de amenaza y peligro, aunque no sea real.
miércoles, 7 de enero de 2009
¿Cómo distinguir entre una crisis y el final de una relación?
Miedo al cambio
No hay criterios fijos a los que recurrir determinar si una relación toca ya su fin. Además, cuanto más duradera haya sido esa unión y cuando la ruptura afecte a más personas -los hijos son el argumento que muchas personas esgrimen para seguir conviviendo, a pesar de la crisis-, más difícil se hará tomar la decisión de romper. Podría decirse que el momento en el que una relación deja de aportar a los miembros de la pareja ese conjunto de elementos que la propició -afectividad y emoción, seguridad, disfrute sexual...-, se alcanza el punto de inflexión en el que se debe producir el cambio.
Reconocer si se está atravesando una época con dificultades graves o si estamos ante el principio del fin de la relación, deviene una tarea ardua para los miembros de la pareja, ya que inmersos en un sinfín de emociones, sentimientos y sensaciones, resulta difícil serenarse lo suficiente para hacer una reflexión tranquila que los conduzca a esclarecer en qué punto de la relación se encuentran. No es extraño que se produzcan autoengaños, más o menos conscientes, que surgen como resistencia al cambio, bien sea para replantearse la pareja y seguir adelante con cambios, bien para iniciar definitivamente una separación.
¿Simple crisis o separación?
En función del modo en que se afronte una crisis, de cómo se comporten los miembros de la pareja ante esa etapa, la unión saldrá reforzada o será la primera fase del fin. Es decir, ante una fase conflictiva de la pareja la pregunta no es "¿es esto el fin?", sino "¿quiero que sea el fin?, ¿me interesa seguir con el compromiso que supone esta relación?". En definitiva, una mala racha será sólo una crisis si es superada, pero se convertirá en una separación si la unión acaba. La respuesta a algunas preguntas puede brindarnos pistas que nos ayudarán a tomar una decisión en esa difícil coyuntura: ¿Le amo? ¿Miramos juntos en la misma dirección, tenemos la misma meta? ¿Siento profundo interés por la otra persona? ¿La deseo? ¿Tengo confianza total en el otro? ¿y en la propia relación? ¿Reflexiono y me comprometo para ver qué puedo aportar a la otra persona y a nuestra relación para mejorarla?
En fase de crisis nuestro estado emocional se altera; por ello, tengamos presente el alcance de las decisiones, sobre todo si se opta por terminar con la relación. No se separan dos personas, sino a veces una familia con hijos, todo un entramado de relaciones y amigos, de dependencias económicas, por lo que si la pareja se encuentra con frenos que impiden que la reflexión prospere, es conveniente acudir a un o una especialista en temas de pareja, que desbloquee la situación y habilite espacios para que la reflexión reúna las garantías deseables. Introducirá equilibrio y establecerá un protocolo para ayudar a la pareja a decidir mejor.
Para fortalecer la pareja
Debemos utilizar o desarrollar estas habilidades:
Aceptar que nuestra vida es enteramente responsabilidad nuestra. No esperemos que el otro miembro de la pareja nos haga feliz. Nuestra felicidad depende, sobre todo, de nosotros mismos. No nos engañemos.
Saber que no tenemos que resolver la vida de la otra persona, buscándole soluciones, dándole consejos y marcándole las pautas de cómo debe vivir su vida.
Aprender a escuchar. Para ello debemos dejar lo que estamos haciendo, vaciarnos de otros pensamientos que distraigan nuestra atención e intentar colocarnos en su lugar para entender cómo se siente.
Aprender a dialogar. Nuestra opinión, forma de entender y de aprehender la realidad no son la verdad absoluta, sino sólo la nuestra.
Aprender a consensuar. Lo mío y lo tuyo han de ser tenidos en cuenta y debatidos para poder llegar a definir "lo nuestro".
Aprender a compartir. Darse el uno al otro: preguntar cómo se encuentra, qué le incomoda, qué quiere y desea.
Aprender a pedir. Mostrar nuestra vulnerabilidad es la mejor muestra de amor, ya que no se la enseñamos a cualquiera.
Dedicar tiempo específico para la pareja.
Compartir hobbies, tiempos lúdicos, fantasías e ilusiones, al igual que acompañar en los momentos tristes, duros y penosos.
Compartir la economía. Forma parte de la relación de pareja.
Aprender a utilizar los conflictos y las crisis, para aprender más de nosotros mismos, ver qué necesitamos y cuál es el dolor que suscitamos en nuestra pareja. Que sean trampolín de desarrollo y no de estancamiento que no lleva a ninguna parte. Hablemos cuanto sea necesario, para que el problema no quede enquistado. No hay mayor desastre que el silencio.
Mimar con orgullo a la pareja. El sexo, las caricias y el "te quiero" han de decirse, hay que explicitarlos. No valen los sobreentendidos.
Para desdramatizar una separación...
Se rompe la pareja, no toda nuestra vida personal.
Es un momento para afrontar cambios y riesgos, que nos alteran y convulsionan. Resulta recomendable pedir ayuda a personas competentes (amigas o profesionales), que -de forma incondicional- nos escuchen y acompañen en este trayecto, que puede (o no) ser duro.
Es una etapa de la vida que pasará, a la que seguirá otra u otras. No hay que aferrarse al pasado: eso significaría parar nuestra vida, y queda mucha por delante.
Como toda pérdida, tendrá sus fases: lloro, desconsuelo, incredulidad de que nos haya podido pasar, furia y rabia, necesidad de buscar culpables... Es normal que nos pase algo de esto, y así debemos asumirlo.
No todo es negativo. Podemos reflexionar (sin obsesionarnos) sobre lo perdido. Pero es mejor buscar lo positivo, lo que mejora en nuestra vida con la separación.
Hagamos balance autocrítico: cómo fue la relación, en qué fallamos nosotros... Así aprenderemos y evitaremos cometer esos errores en el futuro.
Hay que guardar lo bueno para, apoyándonos en ello, seguir adelante sin ira y cerrar capítulo. Pero sobre todo para poder abrir nuevo capítulo.
Bienvenid@s!!
“La labor del Psicólogo(a) va más allá de la formulación de una impresión diagnóstica”
Los tiempos cambian, y de cada uno de nosotros como profesionales depende si también nos renovamos continuamente, para mejorar y entregar nuestro servicio a la labor del alma, del espíritu, a la enfermedad que no se ve al padecimiento que se carcome los huesos sin expresarse en un osteosarcoma o una fractura, pero que sin embargo no deja vivir plenamente a cada ser que confía su vida a merced de un extraño...nosotros....es necesario recordar, que no nos formamos para arrojar diagnósticos, sino para generar una mejoría significativa en la calidad de vida de las personas, sin etiquetarlas y marcarlas con un sello patológico, es una oportunidad de crecimiento postergada cada vez que realizamos una labor tan catastrófica como ésa, por lo tanto es necesario crecer cada día mas, conocer, prepararnos, actualizarnos, debe ser parte de la sed que nos “seque la boca”, que nos provoca apasionarnos en lo que hacemos, pero sobretodo, que nos muestra que trabajamos para el servicio de otros, no trabajamos con “otro más” como si fuera una estadística más o un experimento.
Rebeca Chaves A.